“Gracias a DACA, hemos logrado metas que antes parecían inalcanzables: obtener el certificado de equivalencia de bachillerato (GED), terminar estudios universitarios, iniciar un negocio e incluso convertirnos en propietarios de una vivienda. Eso es el sueño americano.”
Damian Bautista Cruz, Fresno, CA
Durante su infancia y juventud, trabajar en el campo fue algo habitual. En verano, sus padres hacían que él y su hermana trabajaran en las labores agrícolas para obtener ingresos adicionales. Al provenir de una familia inmigrante, esto era simplemente parte de su realidad.
No es el único beneficiario de DACA en su familia; todos sus hermanos están inscritos en el programa, lo que significa que su familia conoce de primera mano los desafíos que conlleva el sistema migratorio.
“Nuestras raíces, nuestra cultura y nuestro sentido de pertenencia están profundamente ligados a Estados Unidos”, afirmó Damian. “Mis hermanos y yo crecimos aquí; este es el único hogar que conocemos. Comemos como estadounidenses, hablamos como estadounidenses y soñamos como estadounidenses. Porque somos estadounidenses”.
DACA ha sido una verdadera bendición para su hogar, ya que ha abierto innumerables puertas a su familia y les ha brindado una sensación de seguridad y estabilidad que nunca creyeron posible.
“Gracias a DACA, hemos logrado metas que antes parecían inalcanzables: obtener el certificado de equivalencia de bachillerato (GED), terminar estudios universitarios, iniciar un negocio e incluso convertirnos en propietarios de una vivienda”, señaló. “Eso es el sueño americano”.
Damian se enorgullece de los antecedentes de su familia como campesinos y se ha unido a la Fundación UFW en sus esfuerzos por defender los derechos de los trabajadores del campo y de los inmigrantes. Ha formado parte de una delegación de voluntarios y simpatizantes de la Fundación UFW que viajó a Washington D.C. para abogar por estas causas.
“A menudo se menosprecia el trabajo en el campo, pero la realidad es que las personas que laboran allí alimentan a Estados Unidos e impulsan su economía”, dijo. “Somos parte de una comunidad fuerte y decidida, una comunidad que no se rinde. Seguiremos alzando la voz y luchando por los campesinos y por los derechos de los inmigrantes”.
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“I am a Dreamer. I dream that one day this will all change for the better. I dream for a day where we no longer live in fear for deportation. I dream for human rights. I dream for a good healthcare system. I dream for the United States of America to be the land of the free. I am a Dreamer.”
“Ver a mis padres luchar con salarios bajos me motivó a buscar un camino diferente. Un camino en el que pudiera retribuir a mi comunidad y construir un futuro mejor para mí, para mi familia y para este país."
La historia de Vicky refleja la realidad de muchas campesinas, quienes cumplen largas jornadas en trabajos físicamente exigentes mientras hacen malabares para conciliar la vida familiar con otras responsabilidades.
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