Historias

“I am a Dreamer. I dream that one day this will all change for the better. I dream for a day where we no longer live in fear for deportation. I dream for human rights. I dream for a good healthcare system. I dream for the United States of America to be the land of the free. I am a Dreamer.” 

María Arellano es una Dreamer que trabaja como promotora de salud comunitaria en St. Johns Community Health; allí sale a la comunidad para escuchar sus necesidades y asegurarse de que las personas conozcan los recursos de los que pueden beneficiarse. Puede ayudar a los demás gracias a que ha sido beneficiaria del programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA) desde que tenía 15 años. 

Cuando sus padres se enteraron del programa, la llevaron con un abogado y tramitaron su inscripción, tratando de obtener la aprobación lo antes posible por temor a que el programa fuera eliminado. Una vez presentada la solicitud, un mes después le pidieron sus datos biométricos. 

Ella recuerda haberse despertado al despuntar el alba para conducir hasta Riverside y esperar su cita, que era a las nueve de la mañana. Llegaron temprano y esperaron en un restaurante Cárdenas cercano, donde comieron burritos de desayuno y rezaron.

“Recuerdo haberle pedido a Dios que esto sirviera para un propósito mayor en el futuro”, dijo María. “Pedí que todas las adversidades que enfrentábamos como familia fueran temporales y que pronto alcanzáramos la estabilidad. En ese momento, lo único que entendía era que esto me permitiría continuar con estudios superiores y trabajar en Estados Unidos sin miedo a la deportación”. 

El programa le abrió puertas y le brindó más oportunidades de educación superior; logró terminar la preparatoria con honores y un promedio de calificaciones (GPA) de 4.0. Continuó sus estudios y obtuvo un título técnico superior en Administración de Empresas y, en el 2023, se graduó con una licenciatura en Administración de Empresas, con especialización en Contabilidad y Marketing. Obtuvo su título mientras trabajaba a tiempo completo en una tienda minorista para pagar sus estudios, ya que no cumplía con los requisitos para recibir ayuda federal estudiantil (FAFSA). 

Ahora, María tiene un empleo bien remunerado, hace voluntariado y retribuye a su comunidad y a su país. María dice que todo esto es gracias al programa de DACA. 

“Desde el abogado que llenó mi solicitud hasta el costo del trámite, el proceso de DACA fue difícil, pero valió la pena”, Maria afirmó. “Soy un Dreamer. Sueño con que algún día todo esto cambie para mejor. Sueño con un día en el que ya no vivamos con miedo a la deportación. Sueño con los derechos humanos. Sueño con un buen sistema de salud. Sueño con que los Estados Unidos de América sea la tierra de los libres. Soy un Dreamer“.

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