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Los campesinos se esfuerzan al máximo para que tengamos comida en nuestras mesas y para alimentar a las comunidades de todo el país. Merecen salarios justos que les permitan mantener a sus familias y construir un futuro mejor.


*Aviso: El nombre y la imagen de María han sido modificados para proteger su identidad.

María ha trabajado en los campos del condado de Oceana, Michigan, durante 20 años, de forma constante y confiable, asegurando el sustento de familias en todo el país.

Como campesina, trabaja todo el año en diversos campos: cosecha espárragos en primavera, cerezas en verano, manzanas en otoño, poda árboles y realiza otras labores de preparación durante el invierno.

Es una vida de trabajo duro, pero María está contenta con ella, haciendo amigos, siendo confiable y capaz de realizar el trabajo necesario para garantizar una buena cosecha. María no solo era una trabajadora en la que se puede confiar; también dependía de este trabajo para mantenerse a sí misma y a su familia.

No fue hasta el año pasado, cuando la administración Trump promulgó nuevas regulaciones sobre la AEWR (Tasa Salarial de Efecto Adverso en español), que la vida de María cambió para peor.

En agosto pasado, el Departamento de Trabajo implementó una norma final provisional que modifica el cálculo de las Tasas Salariales por Efecto Adverso (AEWR, por sus siglas en inglés) para los trabajadores agrícolas con visa H-2A, reduciendo su salario por hora entre 3 y 5 dólares en varios estados, incluyendo Michigan. Como consecuencia directa, los empleadores han recortado los salarios de los trabajadores locales o los han reemplazado con trabajadores H-2A más vulnerables.

El empleador de María comenzó a contratar trabajadores H-2A en el 2021 y, desde entonces, ella notó que los trabajadores locales estaban siendo despedidos gradualmente. Durante su última temporada en el 2025, su empleador mencionaba con frecuencia que, si María y sus compañeros no se esforzaban, contratarían a más trabajadores H-2A. María siguió trabajando duro, pero finalmente fue despedida debido a que su empleador contrató a más trabajadores H-2A.

“Fue el peor desenlace posible, perder mi trabajo así”, dijo María. “Me he esforzado tanto durante todos estos años solo para que me despidieran así. Muchos dependemos de estos sueldos para

sobrevivir. Que nos digan que no podemos trabajar nos genera muchísimas emociones. Solo quiero ganarme la vida y no voy a dejar de buscar trabajo para ayudar a mi familia”.

Debido al despido, María lleva meses sin trabajo y buscando empleo, lo que la llevó a mudarse con su familia para compartir los gastos de vivienda. Su desempleo la ha afectado profundamente, obligándola a hacer sacrificios como no comprar artículos de cuidado personal o comprar versiones más económicas de champú, detergente para la ropa y otros productos similares para ahorrar dinero.

Sin embargo, hay esperanza para María.

La Fundación UFW ha ganado nuestra demanda contra la administración Trump, con la que buscábamos detener los recortes salariales y lograr que personas como María regresaran al trabajo.

Recortar los salarios de quienes apenas sobreviven es INJUSTO. Pero gracias a esta demanda, los campesinos como María estarán en una mejor posición para volver a trabajar, obtener mejores salarios y hacer lo que mejor saben hacer: ser la fuerza laboral esencial que es la columna vertebral de nuestra economía y nuestra seguridad alimentaria.

Los campesinos se esfuerzan al máximo para que tengamos comida en nuestras mesas y para alimentar a las comunidades de todo el país. Merecen salarios justos que les permitan mantener a sus familias y construir un futuro mejor.

Nos enorgullece apoyar a los trabajadores agrícolas de todo el país, gracias a la generosa ayuda de nuestra comunidad. Dona hoy y apoya a campesinos como María, mientras seguimos luchando contra los recortes salariales injustos.

  • Voces Campesinas
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