Durante 28 años, Magdalena ha trabajado en los campos a lo largo de la cosecha, en la temporada de cerezas, manzanas y lúpulo. Ha pasado décadas despertándose a las 3 de la mañana, trabajando largas jornadas y cargando con el peso de mantener a su familia mientras criaba a cuatro hijos. Su historia no es solo una historia de arduo trabajo; es una historia de resiliencia, amor y ese tipo de sacrificio que, con demasiada frecuencia, pasa desapercibido.
Algunos de sus recuerdos más difíciles no provienen únicamente de la labor física en sí, sino de lo que significaba ser una madre trabajadora. Recuerda dejar a sus hijos en la guardería durante largas jornadas y enterarse de que habían sido maltratados o acosados mientras ella estaba ausente. Recuerda haber seguido trabajando durante su embarazo porque su familia dependía de sus ingresos. Recuerda que le ordenaban regresar a los campos después de la lluvia, subiendo por escaleras mojadas para terminar la cosecha, incluso cuando las condiciones eran inseguras.
También recuerda el daño más profundo que muchas mujeres campesinas conocen bien: supervisores que traspasaban los límites, la seguridad que era ignorada y trabajadores a los que se enviaba de regreso a los campos después de haberse aplicado pesticidas. La gente enfermaba. Algunos tuvieron que ser llevados al hospital. Aun así, el trabajo continuaba. Magdalena siguió adelante porque tenía hijos a quienes alimentar y una familia que mantener unida.
Hoy, lo que le produce mayor orgullo es ver a sus hijos crecer y convertirse en adultos jóvenes con opciones que ella no siempre tuvo. Ese orgullo lo dice todo sobre quién es ella. La vida de Magdalena refleja la contribución que las campesinas siempre han hecho a este país, a sus comunidades y a sus familias. Ella ha entregado su fuerza, su tiempo y su cuerpo a un trabajo arduo, todo esto mientras construía un futuro para las personas que ama.
Su mensaje para otras mujeres en el sector agrícola es sencillo y poderoso: alcen la voz. Al honrar a Magdalena, honramos a las muchas mujeres campesinas cuyo trabajo ha sostenido a familias, alimentado a comunidades y dado forma a este movimiento durante generaciones.
Ayude al movimiento campesino a dar voz a los trabajadores agrícolas como Magdalena compartiendo historias como la suya y donando a la Fundación UFW en https://ufwfoundation.org/es/action/dona/. Las donaciones se destinan a servicios legales, organización comunitaria, defensa.
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